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Muerto el perro se acabó la rabia (Ley n° 42 del poder)

Los problemas suelen tener su origen en un solo individuo fuerte: el instigador, el subalterno arrogante, el sembrador de inquinas y resentimientos.

Si dejas espacio para que actúe ese tipo de individuo, otros sucumbirán a su influencia.

No esperes a que los problemas que él causa se multipliquen, y no trates de negociar con él, pues es irrecuperable.

Neutraliza esa influencia, aislándolo o eliminándolo. Recuerda que, muerto el perro, se acabó la rabia.

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